Betelgeuse, una estrella con envoltura
Betelgeuse, la estrella del hombro izquierdo de Orión, y que los aficionados a la Astronomía tantas veces hemos observado, es una supergigante roja que, si estuviera en el lugar que ocupa el Sol, llenaría el espacio que hay hasta más allá de la órbita de Marte. Se encuentra situada a más de 400 años luz y, sin embargo, brilla es una de las estrellas que aparece más brillante vista des de la Tierra. Esto es porque su luminosidad es unas 60000 veces mayor que la del Sol.
Pero, como se trata de una estrella que se encuentra en un estadío avanzado de su evolución, su brillo varía de forma irregular entre las magnitudes 0′2 y 1′5 con períodos que oscilan entre los 6 meses y los 6 años. Hasta ahora, no se conocen con exactitud los procesos que causan esta variabilidad, pero sí se sabe que la estrella expulsa un poderoso viento estelar y que está rodeada de una importante envoltura rica en polvo expulsado por ella misma.
Mediciones realizadas con el VLTI (interferómetro del Very Large Telescope, en Cerro Paranal, Chile) por parte de un equipo internacional de astrónomos, entre los que se encuentra Guy Perrin, del Observatorio de París, revelan que, entre la zona próxima a la estrella, en la que el intenso calor destruiría el polvo, y la zona mucho más lejana en la que éste puede detectarse, hay un hueco en el que se detecta la presencia de un tipo especial de corindón (un mineral compuesto de óxido de aluminio) que causa que el polvo expulsado por el viento estelar empiece a condensarse, de manera similar a como las partículas de polvo inician la condensación de las gotas de agua en las nubes de lluvia.
Perrin y sus colaboradores emplearon el VLTI para estudiar, por una parte, la enorme fotosfera (superficie visible) de Betelgeuse y, por otra, una envoltura de gas molecular o MOLesfera, más fría, y que se extiende entre 0′3 i 0′4 radios estelares por encima de la superficie de la estrella, y determinaron su tamaño y su temperatura a longitudes de onda infrarrojas, confirmando su existencia. Este descubrimiento supone un importante avance en la comprensión de los fenómenos que se producen al final de la vida de las estrellas.

